La hora de la verdad

La hora de la verdad

Ya quedan pocas semanas para que nuestros hijos acaben el curso y reciban sus notas. ¿Preparados?

Es hora punta de cierre de evaluaciones, obtención de calificaciones y notas de corte para poder acceder a distintas formaciones y las palabras de aprobado o suspenso cobran en estos días un especial protagonismo. La meta está en sacar más de un cinco, pero a veces el aprendizaje no radica en una nota.

¿Estamos listos para afrontar los suspensos de nuestros hijos?

Los suspensos son, para la mayoría de familias, una pésima e inoportuna noticia que llega justo en vísperas de vacaciones, cuando contamos los días que nos quedan para dejar de ir a trabajar y empezamos a vislumbrar nuestro merecido descanso estival.

Los suspensos nunca son fáciles de aceptar. Muchos padres sentimos que también suspendemos un poco con los malos resultados de nuestros hijos. ¿Podríamos haber hecho algo más?, nos preguntamos. A veces nos asustamos creyendo que esas malas calificaciones significan un diagnóstico de futuro incierto. En algún caso hacemos tan nuestra la derrota que los hijos consideran que su auténtico problema no son las malas notas sino nuestras respuestas. O se culpa al profesor de Matemáticas que no hace caso a mi hija. La mayoría no vemos la hora de tener al niño delante para lanzarle el sermón. La realidad es que cuando llegan los suspensos lo primero que surge es el desánimo, la culpa o el enfado por nuestras expectativas de hijo ideal y de padre competente frustradas .

Tranquilidad, análisis realista y firmeza en la aplicación de soluciones. En eso, básicamente, consiste la receta. Sencilla ¿no? …y dificilísima. Vamos por partes:

No es lo mismo suspender en segundo de primaria que en la ESO o un suspenso que cinco, ni fallar en lengua que en plástica o educación física. Por eso, lo primero, cuando llegan unas notas con suspensos, es tener una visión realista, analizar las causas. Si un chaval suspende una o dos, quizás es que tiene problemas en un área determinada –por ejemplo en lenguas si tiene una dislexia– o ha tenido dificultades con algún contenido concreto; pero si suspende seis asignaturas, entre ellas algunas de las consideradas insuspendibles como  religión, tecnología, plástica o educación física, en que lo único que se exige es cumplir con las tareas que encargan los profesores, es que falla todo: la planificación, la organización, el tiempo dedicado a los deberes, las técnicas de estudio… Y eso no se soluciona con castigos eternos ni con profesores particulares; son problemas que hemos de afrontar los padres.

No tiene mucho sentido que los padres nos echemos las manos a la cabeza cuando nuestros hijos llegan con las notas porque los suspensos no son una sorpresa para nadie: Hay suficiente información para ir haciendo un seguimiento de cómo van los hijos en la escuela, si un hijo llega con varios suspensos y los padres se sorprenden es que la familia tiene problemas de comunicación y con el centro escolar; así que en lugar de recurrir a la bronca y el castigo, hay que sentarse con papel y lápiz y hacer un análisis conjunto (padres e hijo) lo más sereno posible sobre las causas, los primeros síntomas, el proceso y el resultado final.

Un suspenso no es para alarmarse ni desmoralizarse y, por el contrario, a veces puede resultar un acicate, una manera de aprender a superar la frustración y a poner más recursos personales para superar las dificultades, un suspenso hay que canalizarlo como una nueva oportunidad de demostrar que puede ser superado, o también como un aviso de que tenemos que mejorar,

se trata de poner unas normas y sus consecuencias, asumibles a cada edad, creando un clima positivo, de complicidad, diciéndoles que la responsabilidad es de ellos pero que no están solos y les vamos a ir acompañando y haciendo un seguimiento. Lo importante es firmeza y constancia en el seguimiento, que los hijos sepan de antemano las consecuencias si no cumplen con sus responsabilidades y, si eso ocurre, evitar el mitin y simplemente transmitir que es él quien gestiona, quien ha decidido, por ejemplo, no salir con los amigos porque no ha estudiado lo acordado. En algunos casos la tarea, al principio, puede ser agotadora, pero resulta imprescindible. Si los padres después de la regañina inicial por los suspensos seguimos con nuestro trabajo y vida, sin más, el hijo queda abandonado a su soledad y estudiar no es fácil, es más atractivo ir a navegar por internet o al televisor y ver una película.

Una vez analizada las causas de los suspensos entre padres e hijo, hay que ir a hablar con el tutor. Es importante ir con nuestro hijo a partir de los 8 o 10 años. Cuando se suspende es porque se ha estudiado poco o no se ha estudiado. Para que el niño pueda cambiar necesita reconocer que no ha estudiado. Si, en cambio, dice que ha sido mala suerte o que le tienen manía, entonces no hay opción de mejoría. Tampoco se trata de increpar al profesor con un “¿por qué ha suspendido a mi hijo?, sino plantearle ¿cómo podemos ayudarle? y hablar de cómo se sitúa socialmente en clase, de si es un hecho puntual la caída de rendimiento, a qué obedece….

En primaria puede haber dificultades de prelectura y comprensión que necesitan el apoyo de un psicopedagogo y el control médico de vista y oído. En secundaria, la pubertad provoca la bajada de rendimiento y los adolescentes no encuentran sentido a lo que estudian.

Hay que supervisar y ayudarles a planificar, y si se quejan de que ‘no te fías’ o ‘me controlas’, explicarles que se trata de acompañarle para que su plan sea viable, de enseñarle a vivir, porque la planificación es una necesidad en la vida. Os aconsejo  establecer un plan consensuado una vez identificada la causa de las malas notas. En él se establece un horario de estudio, la distribución de los contenidos, las rutinas diarias, sin olvidar sus tareas en la casa (no liberar a los hijos de tareas domésticas o de otras responsabilidades porque tengan que estudiar: ¡que se organicen!), el coto al uso del móvil… Se hablará de las consecuencias realistas que habrá si no se cumple el plan, evitando castigos imposibles y, por supuesto, su tiempo de descanso y diversión .Durante el verano os propongo una terapia de choque que incluya tareas domésticas, hacer de canguro o trabajos veraniegos si tienen más de 16 años: Que se responsabilicen de algo o de alguien, que compartan tiempo y actividad con gente adulta, porque eso le ayuda luego a una planificación más realista y ayudará a que maduren.

Desde la escuela y desde casa tenemos que educar para la frustración: el error forma parte de la vida, hace que valoremos más el esfuerzo y que no nos acomodemos en el éxito. La frustración tiene dos salidas: una que sirve como aliciente (‘yo puedo con esto, nadie me va a parar’) y otra como obstáculo (‘no soy capaz, yo no puedo con esto’). Por ello, es fundamental educar en el error y prepararles para los fracasos. La vida está llena de aciertos y de errores, quizá más de los segundos que de los primeros, pero pocas veces nos enseñan a gestionarlos de la forma adecuada o a sacarles el mayor provecho.

Si a un niño no se les enseña que el error forma parte de la vida, le estaremos enseñando a ser un niño dependiente.

¿Qué opináis?

suspenso

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